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EDUCACIÓN ESPECIAL EN JUJUY: INCLUSIÓN COMO PRINCIPIO TRANSVERSAL

La inclusión educativa es una prioridad del Ministerio de Educación y eje central de sus políticas, según explica Fabiana Cisneros, responsable de la modalidad. “Es un desafío, pero también un privilegio trabajar en ello”, señala, ya que la temática ocupa un lugar fundamental en la gestión de la ministra.

Las acciones abarcan todos los niveles: desde las primeras infancias hasta la secundaria, con foco en lenguas, matemáticas y la construcción de proyectos de vida. Se atiende a 7.500 estudiantes con discapacidad y a 70 más con altas capacidades. La red cuenta con 16 escuelas de configuración de apoyo, anexos en todos los departamentos, 5 instituciones privadas habilitadas y una escuela municipal en Ledesma.

Se produjo un cambio de paradigma: ya no se habla de “educación especial”, sino de espacios de apoyo para eliminar barreras sociales, arquitectónicas y pedagógicas. Se trabaja en todo el territorio, incluidas zonas rurales, y se verifica qué necesidades requieren atención específica. “A veces se pide evaluación para niños que solo necesitan apoyo en lenguaje o pautas, por lo que es importante definir bien los perfiles”, aclara.

El procedimiento está normado: el docente elabora un informe, la escuela solicita el acompañamiento y se consulta a la familia antes de las evaluaciones. Sobre el Certificado Único de Discapacidad, aclara que “es un derecho e instrumento, pero no es indispensable: la atención se brinda en cuanto se detecta una necesidad”.

Se busca definir el tipo de apoyo necesario para cada alumno, evitando asignaciones sin la formación adecuada. “Distinguimos entre quienes requieren acompañamiento permanente y quienes pueden desarrollar autonomía con menos asistencia”, explica.

El objetivo es que cada estudiante avance con el menor apoyo posible, siendo el docente del grado el referente principal. El especialista brinda asesoramiento y orienta acuerdos pedagógicos para reducir la dependencia de equipos externos.

Entre los retos está la formación docente, a través de talleres y capacitaciones. “Las barreras físicas se solucionan rápido, pero las actitudinales requieren más trabajo. Muchos docentes sienten que no están preparados, por lo que debemos darles herramientas para trabajar con la diversidad”, señala.

Las acciones formativas buscan que las estrategias beneficien a todos. “Si trabajo solo para un alumno, no genero inclusión. Si comparto recursos, todos se benefician: quienes tienen discapacidad, dificultades de aprendizaje o ritmos distintos. Transformar la forma de enseñar es el camino”, concluye.

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