DEPORTE Y CONTENCIÓN: LA VERDADERA SOLUCIÓN PARA LOS BARRIOS, MÁS ALLÁ DE LA SEGURIDAD
Rubén Cevallos, miembro de la Asociación Civil Unión Popular y emprendedor de la Economía Popular, recorre hace años barrios como Campo Verde, Punta Diamante, Alto Comedero, Villa San Martín y Villa Belgrano. Desde su experiencia en el trabajo territorial, asegura que el deporte, la cultura y la formación de oficios son las únicas herramientas capaces de transformar la realidad, pero advierte que para que funcionen, hacen falta condiciones básicas, respaldo y planificación a largo plazo.

En diálogo con zeta tv, explicó que no basta con la buena voluntad ni con armar actividades aisladas: “No podés pretender que un chico vaya a hacer deporte de 20 a 21 horas si no hay alumbrado público ni seguridad. El padre no lo va a dejar salir. Tampoco sirve si el encargado o profesor no tiene la tranquilidad de que, cuando está con sus chicos, no van a llegar otros a quitarle la cancha o generar conflictos. Eso es lo que falta en casi todos los barrios”, detalló.
Esa falta de respaldo estructural es, según su visión, la causa principal por la cual, de todas las escuelitas deportivas que nacieron hace una década, apenas quedan dos activas hoy. “Muchos empiezan con ganas, pero se encuentran con que no hay elementos, que las familias no pueden pagar cuotas, que para ir a un encuentro hay que poner plata de su bolsillo y encima no reciben ningún ingreso ni reconocimiento. Se hace imposible sostenerlo en el tiempo”, contó Cevallos.
Hace una crítica profunda a cómo el Estado y la sociedad abordan la problemática: “Hoy todos se dicen expertos: en niñez, adolescencia, adicciones… y hemos aceptado that meter presos a chicos de 13, 14 o 15 años sea la respuesta. Ahí ya nos equivocamos todos”, sostuvo con firmeza.
Plantea un análisis contundente: existen ministerios, defensorías, áreas específicas, sumados a policías, jueces, profesionales y empleados públicos —son miles de personas e instituciones dedicadas al tema—. Sin embargo, la cantidad de jóvenes que cometen delitos graves o caen en vulnerabilidad es mínima en comparación. “Si entre todos no podemos contener ni guiar a 10 o 15 chicos que se desvían, estamos reconociendo nuestro fracaso. No pedimos que inventen nada nuevo, solo que lo que ya existe se haga presente y sea útil en el barrio”, remarcó.
También advirtió sobre el costo social de no actuar: “El problema no es solo del barrio donde vive el chico. Generalmente, el que se pierde no hace daño en su zona, va a otros barrios, afecta a otros vecinos. Hay una diferencia enorme: un ladrón de guante blanco roba dinero, pero un joven sin contención, adicto o abandonado, puede causar la muerte de un vecino o un transeúnte”.
Para Cevallos, la lógica actual es un círculo vicioso sin fin: “Este año metemos presos a 10 chicos, pero si no hicimos nada para contener a los que vienen atrás, el año que viene van a aparecer otros 10, y así seguimos siempre igual”.
La clave, asegura, está en entender que el Estado y la comunidad tienen que estar presentes antes de que ocurra el delito, con herramientas que ya están disponibles: deporte, cultura, oficios, espacios seguros y, fundamentalmente, acompañamiento de cercanía.
“No es lo mismo un profesor o un vecino que conoce al chico desde chico, que sabe dónde vive, que lo saluda en la calle y puede decirle ‘eso no está bien’, a alguien que viene de afuera y dice ser experto. Esa cercanía es lo que contiene, lo que educa, lo que salva”, explicó.
Por eso insiste: no hace falta crear nuevas leyes ni estructuras. Lo que hace falta es que lo que ya está creado funcione en el barrio: con luz, con seguridad, con elementos, con continuidad. Porque mientras haya un chico sin nada que hacer, sin espacios ni guía, el problema sigue siendo responsabilidad de todos.

