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LOS JUJEÑOS: HEREDEROS Y GUARDIANES DEL LEGADO DE BELGRANO

Según relata el periodista investigador Jorge Delfín Calvetti, la historia de nuestra bandera nace el 27 de febrero de 1812 en Rosario, cuando Belgrano la izó para marcar soberanía frente al avance de las fuerzas realistas.

Al llegar a Jujuy el 25 de mayo de 1813, la bendijo y el pueblo juró lealtad a la enseña. Ante la orden de hacerla desaparecer, respondió que la guardaría hasta obtener un triunfo que legitimara su uso. Tras la victoria en Tucumán y la aprobación de la Asamblea del Año XIII, volvió a usarla en actos solemnes.

A los jujeños entregó una nueva bandera con el escudo tomado del sello de esa misma Asamblea; con el tiempo sufrió deterioro y recortes, aunque estudios confirman que originalmente medía unos cinco metros.

Para la campaña al Alto Perú fabricó tres banderas más. Tras los combates de Vilcapugio y Ayohuma, quedaron resguardadas: dos en la capilla de Titiri, paraje cercano a Macha, y una escondida en Rincónada. Ricardo Rojas la llamó Bandera de las Derrotas, por haber acompañado al ejército en esas jornadas; permaneció custodiada más de un siglo hasta su recuperación en 1911. Análisis de restauración confirmaron que todas comparten la misma tela y confección, y un retrato de la época valida sus colores azul y blanco.

Calvetti señala: “Son banderas que cubrieron con sus pliegues la sangre de nuestros héroes. Muchas veces no nos damos cuenta del tremendo legado que nos dejaron, y no terminamos de valorar en toda su dimensión lo que representan: no es solo tela, es la historia misma de nuestra independencia”.

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