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INDIO SOLARI: LA VOZ LIBRE QUE NOS UNIÓ Y LAS «MISAS» QUE NOS CONVIRTIERON EN FAMILIA

Hoy despedimos a Carlos Alberto “Indio” Solari, el artista que no hicimos falta conocer personalmente para sentirlo parte de nuestra vida: lo conocimos a través de sus canciones, sus letras y su verdad, y se convirtió en el compañero indispensable de cada uno de nosotros.

Para millones de argentinos, el Indio estuvo presente en cada instante: sonaba en el despertador por las mañanas, en la cocina mientras preparábamos la comida, en las juntadas familiares y las reuniones con amigos. Estuvo ahí en las alegrías más grandes y también en los momentos de tristeza, dándonos la fuerza o la palabra que necesitábamos. “Redondos son el público, no los que estamos arriba del escenario”, decía él, y esa frase se hizo realidad: él fue nuestro, de todos, y vivió con nosotros cada paso de nuestra existencia.

Su historia y su fuerza nacieron en un momento difícil para nuestro país, en el contexto de la dictadura, cuando hablar de libertad y pensar distinto era un acto de valentía. Junto a Skay Beilinson creó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, construyendo su camino totalmente alejados del sistema, sin necesidad de publicidad ni grandes empresas para llegar a la gente. Se difundían boca a boca, solo con la palabra de quienes los escuchaban, logrando armar esas grandes tocadas que convocaban a gente de todo el país, sin que nadie lo promoviera desde afuera.

Fue justamente el público quien los reconoció y bautizó a sus recitales como “Las Misas”: no por una ceremonia religiosa, sino porque entendieron que lo que se generaba ahí era algo totalmente sagrado, único y trascendente. Era la movilización de una energía inmensa, donde cientos de miles de personas se reunían con un mismo sentimiento, una misma verdad y una misma forma de ver el mundo. Eran espacios de libertad, de encuentro y de hermandad, donde no importaba de dónde venías ni quién eras: todos éramos parte de lo mismo. Esa esencia se quedó para siempre, y hoy en cada provincia de la Argentina, volvemos a ver ese mismo espectáculo: plazas y calles llenas de gente reuniéndose para recordarlos, algo que pone la piel de gallina y te eriza todo el cuerpo.

Con letras que se grabaron en el alma —“No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”, “El futuro llegó hace rato”, “Vivir sólo cuesta vida”— se transformó en mucho más que un músico: fue un referente de libertad, de pensamiento propio y de honestidad, para generaciones enteras que encontraron en él una voz que hablaba exactamente por ellos, sin miedos ni máscaras.

Ese valor inmenso de su obra y su pensamiento fue reconocido incluso por las instituciones académicas: recibió el Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires, un título único y excepcional para un músico popular. Es el primer artista de su género en recibir esta distinción, que valida que su arte y sus ideas no son solo canciones, sino patrimonio cultural de todo el país, que trascienden la música para convertirse en enseñanza y verdad para todos.

En sus palabras nos dejó reflexiones que siguen vigentes hoy: “La vida no se debe proteger entre algodones; el algodón hace daño a la vida”, “No tengo miedo a la muerte, la curiosidad es más grande que el miedo”, recordándonos que hay que vivir con fuerza y con la propia convicción.

Hoy no se va del todo: su música sigue sonando en nuestras casas, en nuestras reuniones, en la memoria colectiva de toda la nación. El Indio estuvo, está y estará siempre en la vida de cada uno de los que lo seguimos, porque se convirtió en parte de nosotros.

Gracias, Indio, por ser nuestra voz, nuestra guía y por regalarnos las Misas más grandes de la historia. Nunca te vamos a dejar de escuchar.

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