DOS REALIDADES DE UN MISMO PAÍS: LA ECONOMÍA ENTRE LAS CIFRAS Y LA VIDA COTIDIANA
En los estudios de Zeta TV, el economista y agente productor de valores Francisco Lamas analizó la coyuntura económica argentina, desglosando desde la forma en que se construyen los datos oficiales hasta la brecha que separa los indicadores macroeconómicos de la experiencia cotidiana de los hogares.

Comenzó advirtiendo que toda medición económica —inflación, desempleo, actividad— se obtiene por medio de encuestas y no constituye un dato exacto, sino un intervalo de confianza. “Cuando se dice que la inflación fue del 7%, en realidad se está afirmando con un 95% de certeza que el valor real se encuentra entre aproximadamente el 5% y el 9%”, explicó. Por ello, variaciones mínimas entre períodos no siempre reflejan cambios reales.
Sobre la recesión, recordó que técnicamente se define como nueve meses consecutivos de caída de la actividad. El Gobierno sostiene que hay desaceleración del crecimiento; los indicadores mensuales muestran una baja prolongada. La diferencia radica en la base de comparación: frente al mismo mes del año anterior la economía crece, pero mes a mes disminuye. Citó a la consultora Orlando Ferreres, que registró una caída en julio —vinculada a la menor actividad durante el Mundial de fútbol— y una recuperación en agosto. “El problema es que siempre aparece una excusa: el Mundial, el frío, las elecciones”, señaló.
El contexto regional muestra una desaceleración generalizada: Chile, Brasil, México y Colombia crecen por debajo de las proyecciones iniciales, en parte por el encarecimiento del petróleo derivado del conflicto en Irán. En Argentina, la inflación cede, pero la economía no se expande con fuerza: es el escenario de estanflación. Comparó la salida de la inflación con el proceso de la convertibilidad en los años 90: “Hoy nos está costando mucho más tiempo y con mucho menos crecimiento”. Recomendó mantener el rumbo de saneamiento fiscal, pero incorporar medidas para reactivar la obra pública, monetizar la economía y fomentar el crédito, sin retomar la emisión descontrolada que podría devolver la inflación.
Señaló que dos realidades coexisten: por un lado, hay superávit comercial y de cuenta corriente, reservas en aumento y las cuentas públicas están más ordenadas. Por el otro, los salarios reales siguen perdiendo contra la inflación, la pobreza volvió a subir —aproximadamente entre el 32% y el 33%— y la distribución del ingreso se ha deteriorado: lo generado se reparte con menor peso hacia los ingresos laborales. “Ambas cosas son verdad”, afirmó.
Sobre el impacto social, advirtió que la recuperación en el corto plazo será marginal y lenta: un aumento del 4% del salario real no revierte el deterioro acumulado. Mencionó la necesidad de múltiples empleos para subsistir y la sensación general de desesperanza. Explicó además que el Estado debe tomar deuda para refinanciar vencimientos, y que si el mercado desconfía de un cambio de rumbo político, exige tasas más altas que desalientan la inversión. Aclaró que su análisis no responde a ninguna filiación política ni cargo público, y recomendó prepararse para el escenario más exigente al momento de administrar ingresos y gastos personales.

