ARGENTINA: ¿UN «NUEVO PAÍS» QUE REPLICA VIEJAS PARADOJAS? EL ALTO PRECIO DEL AJUSTE Y LA REALIDAD JUJEÑA
Francisco Lamas, Licenciado en Economía Política y Founder de @strategos.bi, desmenuza las contradicciones de la estabilización, la informalidad y el peso del Estado en la economía, contextualizando su impacto en Jujuy.

La Argentina transita un «quiebre estructural», un «cambio de régimen absoluto» donde el costo del «nuevo país» se revela en profundas contradicciones. Así lo expone el licenciado, quien, pese al «sifón de dólares» por exportaciones, cuestiona el rumbo y el alto precio del actual plan de estabilización.
Lamas ilustra las «viejas paradojas» del país: cómo persisten industrias como la textil? históricamente protegidas, que ahora se «licúan» ante la reapertura de importadoras. Critica la «mala obsesión» gubernamental con la inflación, y quiere tener superávit al costo que sea «bombardea con todo» pisando salarios y etc, sin la claridad necesaria en la emisión monetaria, algo que, según las escuelas de pensamiento económico, sería clave. Esta estrategia, sumada a la ultradependencia de la asistencia externa (EEUU).
Aunque reconoce que el malestar era «totalmente inevitable», Lamas se pregunta si «valdrá la pena el dolor» de un ajuste tan profundo. Alarma que la «inversión no tracciona, está en mínimos históricos, y sin inversión no hay crecimiento».
Al situar su análisis en la economía jujeña, Lamas ejemplifica cómo la provincia padece «el mayor nivel de informalidad» (69%). «Tener un laburo en blanco es un lujo», afirma. La economía local, «tan poco competitiva», genera la disyuntiva «o laburás en el sector público o estatal o no laburás», cargando «cada vez más peso al sector privado» y evidenciando una dependencia estatal insostenible, otra «vieja paradoja» de la Argentina.
Para provincias como Jujuy, Lamas propone un plan «supergradual» a 20 años, sin shocks, que «decrezca el peso del Estado» sin despidos masivos, dejando que «se jubilen los que se tengan que jubilar». Aboga por un Estado «pequeño y supereficiente» que pague bien a «poca mano de obra» y donde el grueso de la población trabaje en el sector privado, descartando el «sistema de castas» de la herencia de cargos.
Lamas lamenta que el «pobrismo» o «trabajador pobre» sea una realidad que la jubilación no logra revertir. La tendencia a «comprar productos para rifarlos» como «inversión» se vuelve un crudo síntoma.
La síntesis es demoledora: los salarios han perdido un cuarto del poder adquisitivo en la última década (25% por debajo de los niveles de 2017), con sectores como el financiero, los mejor pagos globalmente, reportando un 3% de pobreza entre sus empleados.
«¿Qué hicieron los anteriores para llevarnos a esto? ¿Y por qué el gobierno no termina de salir?», concluye Lamas, dejando abiertos los interrogantes sobre el futuro del país y de provincias como Jujuy, donde la informalidad y la dependencia estatal tensionan los límites de lo sostenible, repitiendo ciclos de crisis y ajuste.

