MARTÍN DÍAZ: EL CHARANGO QUE SANA HERIDAS Y CRUZA FRONTERAS
Martín Díaz, conocido artísticamente como «Martín y su Charango», descubrió este instrumento por una desilusión amorosa a los trece años. Lo que comenzó como refugio ante un corazón roto se transformó en una trayectoria de más de quince años, llevando la música jujeña por escenarios de Argentina, Bolivia y Chile.

En abril de este año, representó al país en el Día Internacional del Charango en La Paz, Bolivia, en el anfiteatro más antiguo de Latinoamérica. Allí compartió escenario con exponentes de Ecuador, Chile y diversas regiones, siempre acompañado de su poncho blanco. «Es una experiencia indescriptible: llegar a un lugar donde no conocés a nadie y te estén esperando por tu nombre», expresa.
Desmiente además el mito de que el charango se fabricara con caparazón de quirquincho. «Es una creencia que se popularizó en los años cincuenta y setenta, pero los primeros charangos siempre fueron de madera. Hoy se construyen respetando la forma y las medidas exactas, con materiales nobles y artesanía cuidadosa», explica.
Su música ha trascendido fronteras y emociones. En Viña del Mar, Chile, durante un festival internacional, una mujer que había perdido a su hijo en esa misma playa se acercó a él emocionada: «Me dijo que mi música había transformado su dolor en algo gratificante. Ahí entendí que el charango llega donde las palabras no alcanzan».
Con el mismo espíritu fundó su escuela. Funciona los sábados, de 16 a 20 horas, en la vieja estación de Palpalá. Allí enseña a niños desde los seis años, adultos mayores de ochenta y siete, personas con artrosis en las manos y alumnos zurdos, adaptando cada instrumento y cada método para que nadie se quede afuera. También cuenta con una distribuidora de charangos accesibles para quienes aún no tienen el suyo.
«La música no tiene edad ni condición. El charango existe para cumplir sueños y sanar heridas», sostiene.
Contacto:
388 419 0195
Instagram: Martín y su Charango / El Charango Loco
Escuela de Charangos: Vieja Estación de Palpalá, sábados de 16 a 20 horas

