DIABETES, ALIMENTACIÓN Y HÁBITOS: CLAVES PARA CONVIVIR CON LA ENFERMEDAD Y MEJORAR LA CALIDAD DE VIDA
La Licenciada Carolina Díaz explicó las diferencias entre los tipos de diabetes, los desafíos del cambio de hábitos, el rol fundamental del ejercicio físico y del acompañamiento familiar, y recomendaciones prácticas sobre alimentación, horarios y proteínas de calidad.

— En los estudios de Zeta TV, la Licenciada Carolina Díaz, M.P. 343, Especialista en Deporte Nutricional Integrado, brindó una completa charla sobre la diabetes, su abordaje nutricional y la importancia de transformar hábitos para mejorar la calidad de vida de las personas que la padecen.
La profesional comenzó explicando que se trata de un cuadro metabólico muy frecuente, con dos tipos principales: «La diabetes tipo 1 se presenta mayormente en niños y jóvenes, aunque puede diagnosticarse a cualquier edad. En este caso, se produce una destrucción autoinmune de las células beta del páncreas, por lo que el organismo no produce insulina, y el tratamiento combina dietoterapia e insulinoterapia. La diabetes tipo 2, en tanto, es la más prevalente a nivel mundial y está fuertemente vinculada al sobrepeso, la obesidad y la edad, especialmente en personas mayores.»
Consultada sobre los principales desafíos que enfrenta en la práctica, señaló que la educación diabetológica es uno de los mayores retos: «Implica un cambio completo en el estilo de vida, especialmente en lo que respecta al manejo de los carbohidratos, la restricción de azúcares y el mantenimiento de un peso saludable. A esto se suma la necesidad de que el propio paciente aprenda a reconocer y manejar situaciones de emergencia, como la hipoglucemia, que puede generar desmayos y requiere una ingesta rápida de entre 10 y 15 gramos de carbohidratos.»
Destacó además el papel insustituible del entorno familiar y social: «El acompañamiento de la familia es determinante. Es muy difícil mantener hábitos saludables cuando en el mismo hogar o en reuniones sociales se consumen alimentos que la persona debe evitar, como preparaciones con exceso de azúcar, harinas refinadas o productos ultraprocesados. Ese apoyo es fundamental para que el cambio sea sostenible.»
En este sentido, explicó que no se trata de prohibir, sino de enseñar a elegir y preparar los alimentos de manera adecuada: «Cada alimento tiene un índice glucémico distinto, y eso es lo que explicamos a los pacientes. Por ejemplo, la papa hervida y consumida fría tiene un comportamiento distinto, ya que el almidón retrograda y no eleva la glucemia de la misma forma. El arroz integral, las legumbres y los carbohidratos complejos son opciones mucho más estables. No se trata de dejar de comer lo nuestro —maíz, papa, cereales— sino de saber cómo consumirlos y en qué cantidades.»
Sobre el ejercicio físico, fue contundente: «Es clave, porque mejora la sensibilidad a la insulina. Se recomienda realizar actividad física al menos dos o tres veces por semana. El entrenamiento de fuerza, como la musculación, es especialmente beneficioso, ya que es moderado y ayuda a equilibrar el peso. En cambio, si hay complicaciones como cetosis, hay que restringir la intensidad y tener mayor precaución.»
La profesional abordó también la relación entre la diabetes, la hipertensión arterial y el peso, patologías que frecuentemente se asocian: «La hipertensión y la diabetes tipo 2 comparten factores de riesgo. El tratamiento debe ser personalizado, con una dieta hipocalórica equilibrada y, en muchos casos, acompañado de farmacoterapia. También es importante el control de alteraciones tiroideas, que pueden influir en el peso y en el metabolismo.»
En cuanto a las emociones, el estrés y el descanso, remarcó que son factores que no pueden dejarse de lado: «El estrés laboral, los vínculos, los problemas económicos y los trastornos del sueño —como dormir menos de seis horas— afectan directamente los niveles de glucemia. Por eso, además de la alimentación y el movimiento, es necesario trabajar el descanso y el bienestar emocional. Cuando la persona empieza a comer bien y a entrenar, se siente mejor y eso también eleva su autoestima, generando un círculo virtuoso.»
Brindó además recomendaciones prácticas sobre la alimentación diaria: no es obligatorio comer seis veces al día; lo ideal es respetar las cuatro comidas principales —desayuno, almuerzo, merienda y cena— y escuchar al cuerpo. Destacó el valor del huevo como fuente de proteína completa, económica y accesible, señalando que las pautas cambiaron y hoy se recomienda más de uno por día, según el caso. Sugirió también el yogur griego, frutos secos y frutas como opciones saludables, y recordó que un plato equilibrado debe combinar carbohidratos, proteínas y grasas de calidad.
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