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LLEGÓ EL OTOÑO A JUJUY: ENTRE EL RESPIRO DEL CALOR Y LA ALERTA SANITARIA

La llegada del otoño marca un cambio significativo en el clima de la provincia de Jujuy y abre un escenario de contrastes. Mientras algunos celebran el alivio tras meses de calor intenso, otros todavía se resisten a despedir el verano. En este contexto, Zeta TV salió a recorrer las calles para recoger testimonios que reflejan no solo preferencias personales, sino también cómo la comunidad jujeña se adapta a un clima cada vez más variable, donde los fenómenos extremos y las cuestiones sanitarias cobran creciente protagonismo.

El verano que quedó atrás dejó temperaturas elevadas en gran parte del territorio provincial, con registros que superaron ampliamente los promedios habituales. En zonas como las Yungas y el Ramal, los termómetros alcanzaron picos cercanos a los 45°, generando jornadas sofocantes acompañadas de altos niveles de humedad. Este escenario no solo impacta en la calidad de vida cotidiana, sino que también favorece la proliferación del mosquito Aedes aegypti, transmisor de enfermedades como el dengue y la chikungunya.

Según el último reporte epidemiológico correspondiente a marzo de 2026, en la provincia se confirmaron 9 casos de chikungunya en localidades como Aguas Calientes, Caimancito y Perico, además de otros 5 casos sospechosos en estudio. El caso índice presentó antecedentes de viaje a Tucumán, mientras que contactos cercanos registraron desplazamientos hacia Bolivia, regiones donde se mantienen brotes activos. Desde el sistema de salud insisten en que la eliminación de criaderos —cualquier recipiente que acumule agua— sigue siendo la herramienta más efectiva para contener la propagación de estas enfermedades. Los síntomas, que incluyen fiebre alta, dolor muscular y articular, malestar general, náuseas y erupciones cutáneas, requieren consulta médica inmediata.

A nivel climático, el verano también dejó lluvias intensas que, si bien son fundamentales para la recarga de acuíferos y el sostenimiento de la actividad agrícola, generaron múltiples complicaciones. En distintas localidades se registraron crecidas de ríos y arroyos, anegamientos de viviendas y evacuaciones de familias. En zonas como Valle Grande y sectores urbanos de San Salvador de Jujuy, las precipitaciones pusieron en evidencia las limitaciones de la infraestructura ante eventos extremos, con impactos directos en la producción, la circulación y la vida diaria de los vecinos.

Con la llegada del otoño, las temperaturas comienzan a descender de manera gradual, ubicándose en promedios que van desde los 21°C en marzo hasta los 17°C en mayo. Este cambio es bien recibido por gran parte de la población, que encuentra un respiro tras semanas de calor intenso. “Se está mejor, al menos en la sombra”, expresó uno de los vecinos consultados. Sin embargo, esta transición también trae consigo nuevos desafíos, especialmente en materia de salud.

Los cambios bruscos de temperatura entre el día y la noche, sumados a la mayor permanencia en espacios cerrados, generan condiciones propicias para la circulación de enfermedades respiratorias. De acuerdo a datos del sistema sanitario provincial, el 50% de las internaciones pediátricas y el 80% de las consultas médicas corresponden a este tipo de afecciones, con un incremento sostenido durante el otoño y el invierno. A esto se suma la persistencia del COVID-19, cuya transmisión puede incrementarse en este período. Por ello, las autoridades recomiendan retomar medidas de prevención como el uso de barbijo en presencia de síntomas y la consulta temprana.

En cuanto a la infraestructura, los efectos del verano continúan sintiéndose incluso con el cambio de estación. En regiones como la Quebrada y la Puna, rutas provinciales y nacionales presentan daños por derrumbes, acumulación de sedimentos y crecidas de ríos, lo que dificulta la transitabilidad y, en algunos casos, genera aislamiento de comunidades. En la capital, también se registraron inconvenientes vinculados al sistema de agua potable, producto del arrastre de sedimentos en las tomas, lo que obligó a interrupciones del servicio en distintos sectores.

Las lluvias, en este contexto, muestran su doble cara. Por un lado, son indispensables para el equilibrio ambiental, la agricultura y la mejora de la calidad del aire, actuando como un “limpiador natural” de contaminantes. Pero, por otro, cuando se presentan de manera intensa y sostenida, pueden derivar en inundaciones, daños estructurales y la generación de nuevos focos de agua estancada, prolongando el riesgo de enfermedades transmitidas por mosquitos.

Frente a este panorama, la adaptación se vuelve una constante en la vida cotidiana de los jujeños. Desde el cambio de vestimenta hasta la adopción de hábitos preventivos, la población ajusta sus rutinas a cada estación. Las preferencias entre el calor y el fresco quedan en segundo plano frente a una realidad que exige mayor conciencia colectiva.

El otoño, así, no solo representa un cambio de clima, sino también un llamado a reforzar la prevención sanitaria, mejorar la infraestructura y fortalecer la capacidad de respuesta ante fenómenos cada vez más intensos. En una provincia atravesada por la diversidad geográfica y climática, la resiliencia se consolida como un factor clave para afrontar los desafíos que trae cada nueva estación.


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