LAS ERMITAS DE TILCARA: FE, ARTE Y RESISTENCIA ANCESTRAL EN UN HOMENAJE CON HISTORIA Y BENDICIÓN PAPAL
En este Sábado de Gloria, mientras la Semana Santa alcanza su punto cúlmine, el corazón de Tilcara late con la profunda tradición de sus Ermitas. Más allá de su fervor religioso, estas monumentales obras de arte efímeras, confeccionadas con elementos de la naturaleza, son un testimonio vivo de la identidad jujeña. Con una historia que se remonta a más de 140 años, fusionan la devoción católica con saberes ancestrales y un compromiso comunitario que se transmite de generación en generación. Cada Ermita, una estación del Vía Crucis, se convierte en un lienzo gigante donde semillas, flores y tierras de la región narran pasajes bíblicos, pero también, como este año, historias de lucha y resistencia.

En esta edición, una de estas creaciones resuena con un homenaje doble, cargado de simbolismo y reivindicación, gracias a la colaboración del profesor de arte y artista plástico Benjamín Sánchez.
«La Ermita es algo que se viene haciendo hace muchísimo tiempo aquí en Tilcara para Semana Santa,» nos cuenta Benjamín, quien acompaña la realización de una de ellas para la familia Méndez, «una de las familias que mantiene esta tradición». Se refiere a los hermanos Delfor y Evelina Méndez, quienes continúan un legado de más de 50 años, heredado de sus padres. «Ellos mantienen vivo todo esto que tiene que ver con la Fe,» enfatiza Sánchez.
Para la confección de esta obra de arte y fe, la familia Méndez, con la invaluable colaboración de Benjamín, utilizaron una vasta gama de materiales naturales de la región: porotos, semillas, maderas, lino, diversas tierras, maíz y la característica flor de Itatí. El proceso fue un «tiempo de elaboración profundo», que dio inicio el Domingo de Ramos, demostrando la dedicación y el esmero que requiere cada detalle de estas representaciones.
Este año, la Ermita en la que colaboró Benjamín tiene un significado especial: «hemos trabajado una Ermita que homenajea tanto al Papa Francisco, por ser el papa argentino y por todo lo que representa, como a Hermógenes Cayo, un imaginero de la Puna».
HERMÓGENES CAYO: EL ARTISTA DE LA PUNA QUE UNIÓ FE Y TERRITORIO
Benjamín Sánchez destaca la figura de Hermógenes Cayo, oriundo de Cangrejillos, Abra Pampa, como un «artista autodidacta, muy comprometido con la Fe cristiana y con su comunidad». Cayo, que supo ver su «lugar no como propiedad, sino como vida, como lo natural», nunca separó «la iglesia de lo cotidiano» ni «lo andino con lo cristiano». Fue una figura clave que, con los escasos recursos de la Puna (madera de cardón, barro, huesos), llegó a construir una iglesia de barro para su comunidad y convirtió su propia casa en un santuario, reconocido por sus imágenes talladas.
«Nos pareció fundamental homenajearlo en esta Ermita, ya que también la obra habla sobre el cuidado de nuestra agua, de no modificar la Ley de Glaciares. ¿Y qué mejor hacerlo a través del arte y desde lo pacífico?», reflexiona Sánchez. Revela además que Hermógenes Cayo «integró el primer Malón de la Paz», no buscando protagonismo, sino «viendo la restitución de los derechos de los pueblos originarios a través de la Fe», llegando a caminar hasta Buenos Aires con una imagen religiosa.
La obra de este año es un tríptico que «representa uno de los retablos hechos por él». A la familia Méndez y a Benjamín les tocó la cuarta estación del Vía Crucis, «que refiere al encuentro de Jesús y de María».
La elaboración de esta Ermita, como la de todas, es un trabajo colectivo. Benjamín aporta «a través del diseño, a través de todo lo que compete a un profesor de arte», pero la magia ocurre con la participación de la comunidad. «Además de esas familias [los Méndez], suelen llegar familias que viven acá en Tilcara o que eran de acá y se fueron a vivir a San Salvador. Todos suelen juntarse para esta fecha y trabajar en esta Ermita,» concluye Benjamín, pintando un cuadro de unión y tradición que define el espíritu inquebrantable de las Ermitas de Tilcara.

