ECONOMÍA

COLUMNA DE ECONOMÍA | LIC. FRANCISCO LAMAS

INFLACIÓN: LA REALIDAD DEL PRESUPUESTO VERSUS LA MAGIA DE LA PROYECCIÓN

El reciente presupuesto aprobado por el Congreso en diciembre contemplaba una inflación anual del 10,1%, una cifra que, a esta altura del año, se perfila como una quimera. «Estamos en marzo y entre enero y febrero ya superamos el 6% de inflación. Esto significaría que, para alcanzar ese 10% anual, los diez meses restantes deberían promediar mucho menos del 0,5% mensual, algo que, sencillamente, no va a pasar», afirma categóricamente el Licenciado Francisco Lamas.

El «Presupuesto Aspiracional» y sus Consecuencias

Lamas desglosa la incongruencia de estas proyecciones: «¿Cómo llegan a esas cifras? Es un número que sale de lo aspiracional, no responde a ninguna proyección real ni a un análisis económico serio. En realidad, se inventan el número, es como si el Ministro de Economía, ‘Caputo, se pusiera un turbante, el traje de mago y sacara las cartas de tarot'». El economista sostiene que este «número disfrazado» tiene un propósito claro: mantener quietos a los mercados y la economía en circulación, a pesar de su irrealidad.

Tradicionalmente, y de manera «religiosa», el presupuesto siempre está por debajo de la inflación efectiva. «Esto le permite discrecionalidad al gobierno. Cuando la inflación real es más alta que la presupuestada, tenés más recaudación, y esa plata la podés manejar más discrecionalmente», explica Lamas. Un presupuesto subestimado, aunque se realice bajo la ley, brinda a los gobiernos (nacional, provincial y municipal) una flexibilidad para disponer de fondos no proyectados. «Nunca en mi vida vi un presupuesto que cierre con una inflación que sea la verdadera proyectada», sentencia el Licenciado.

Si bien el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyecta una baja significativa de la inflación respecto al último trimestre –una mejora si consideramos que venía subiendo desde mayo del año pasado– Lamas es contundente: «Ni loco cierran con un 10% anual. Si cierran con un 10%, devuelvo el título, porque realmente es hacer magia».

La expectativa de que la inflación baje es generalizada, y hay razones para ello, como el control en la emisión monetaria desde diciembre. Sin embargo, el economista advierte que «no va a ser una caída mágica». Hay que diferenciar entre la inflación que dice el presupuesto de la Nación, la inflación proyectada y la inflación que será la real, la cual solo conoceremos cuando suceda.

Sobre la influencia de factores externos, como los dichos del Presidente o la situación de un posible ataque terrorista en el país, Lamas es cauto. Si bien la seguridad influye en la especulación y en la inversión, lo hace más por el conflicto geopolítico en sí que por el riesgo de un ataque directo.

Aquí, el economista introduce un punto crucial: la relación entre los costos y la inflación. «La inflación es un fenómeno monetario, que depende de la relación entre la cantidad de dinero que hay (oferta de dinero) y la cantidad de dinero que se demanda», explica. Pero, ¿dónde entran los costos en esto? Principalmente, en el corto plazo y en la economía real, es decir, en la producción y la capacidad productiva.

Una suba en la nafta, por ejemplo, afecta directamente el costo del transporte y, por ende, de toda la producción industrial. «Parte de la matriz energética depende de la nafta, y casi toda la energía eléctrica de Argentina tiene como origen refinerías a gas. Si el conflicto global produce una suba en la nafta, te encarece los costos, y ese encarecimiento significa menor producción. Al haber menor producción, hay menos bienes y servicios disponibles para comprar», detalla Lamas.

Esto genera que la gente demande menos dinero, contribuyendo a la inflación. Si bien una suba de costos crea más inflación, esto se revierte si los costos bajan, permitiendo un aumento de la producción y, por ende, de la oferta de bienes y servicios.

El economista destaca una diferencia fundamental con otros países: «La suba de la nafta en el resto del mundo no genera inflación significativa. Aquí nos está subiendo menos la nafta que en Estados Unidos o China, pero a nosotros sí nos genera inflación y a ellos no les cambia casi nada». Esto se debe a que en Argentina, una suba de combustible repercute en muchísimos productos de la góndola, a diferencia de economías donde un aumento puntual se traduce en un cambio de precios relativos, sin una espiral inflacionaria generalizada.

En definitiva, la realidad económica argentina nos obliga a mantenernos alertas. Las proyecciones inflacionarias del presupuesto distan de la realidad, y la interacción entre costos, producción y demanda de dinero configura un escenario complejo. Si bien hay señales de desaceleración, la magia no reemplaza a las decisiones económicas serias y sostenidas para estabilizar el poder adquisitivo de los argentinos.

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